El Método Montessori y las pataletas
El enfoque Montessori permite enfrentar la llamada “Crisis del No” de los niños entre dos y tres años, respetándolos como personas con voluntad propia y haciéndolos sentir parte fundamental de la familia y entorno. De esta forma se pueden incluso evitar los malos ratos, rebeldías y pataletas típicas de esta edad. Más que una etapa inevitable, se trata del paso a la independencia: ya cuentan con las habilidades de los seres humanos y buscan ejercerlas.
En casi cien años de vida, el sistema educacional Montessori ha probado cómo la enseñanza en el respeto puede ser exitosa para la formación de los alumnos y una herramienta poderosa en la Educación para la Paz.
Puede ser la gracia de las abuelas y parientes, pero en su gran mayoría se trata de un calvario para los padres. Alrededor de los dos años y medio, el niño comienza a negarse sistemáticamente a todo, en muchos casos no quiere comer y está dispuesto a pelear y hacer pataletas para lograr su objetivo. Los padres no saben qué hacer y muchas veces no se reconocen imponiendo castigos que nunca pensaron dar. Todo en un acto de desesperación y rabia, y muchas veces en contra de sus propios valores de crianza.
“Sin embargo, se trata de una crisis evitable”, explica Elena Young, directora del Centro de Estudios Montessori y fundadora de los jardines infantiles Rayhue y del Colegio Huelquén Montessori. En sus casi 100 años de vida, el sistema Montessori ha permitido terminar o al menos disminuir estas crisis y pasar tranquilamente a otra etapa en su camino de independencia, ya claramente como un niño y no como un bebé.
“Aunque es un cambio repentino, se reconoce fácilmente en el lenguaje, el niño comienza a decir “Yo”, “Mi”, “Mío”, se percibe como alguien independiente. Ya tiene las características distintivas de los seres humanos y está perfectamente consciente de su nivel de madurez, por eso espera ser reconocido como persona y se irrita cuando lo tratamos como bebé. Pero la “crisis” tiene que ver con nuestra manera de tratarlo”, agrega Elena Young.
Es así como conductas tales como tomarlo de un brazo, ponerle el abrigo y sacarlo anunciándole en forma autoritaria que debe ir al doctor, o sin siquiera decirle a dónde lo llevan, lo irritan. En cambio, si se lo invita a salir con amor y respeto, y se le pregunta, por ejemplo si quiere ir con parka o chaqueta, el niño se siente acogido y considerado, y reacciona positivamente.
A los tres años, los niños son capaces de resolver muchas cosas relacionadas con él: qué ropa ponerse, tomar agua o jugo, cuál juguete es su favorito, etc. La idea es evitar dar simplemente órdenes y dejar la opción entre dos alternativas: ¿cuál pantalón te gustaría que compráramos el verde o el azul?, ¿qué fruta quieres de postre manzana o plátano?, ¿vamos al zoológico o a ver los títeres?, etc.
Los padres no arriesgarían nada al ofrecer, pues cualquiera de las dos alternativas es apropiada para su desarrollo, mientras que el hijo gana mucho porque le demuestra que lo consideran capaz de escoger, “más grande”. Para esto, es vital ser consecuentes y respetar la elección que él haga, aunque no sea nuestra preferida.
Educación para la paz
“El objetivo es producir una persona respetada y que por lo tanto, respete a los demás y al ambiente, compartiendo responsabilidades. No hay ninguna diferencia entre el mecanismo sicológico que decide entre las galletas y el pan con manjar y, mucho después, entre la energía solar o la nuclear. Estas son decisiones que sólo se pueden tomar bien si se ha aprendido a considerar las consecuencias de la decisión”, dice la doctora María Montessori, creadora de este sistema educacional.
Con casi 100 años de vida, los colegios Montessori basan su educación en el respeto y consideran a los niños personas desde el momento del nacimiento. Esto, incluso al momento de estudiar, ya que permite a los alumnos escoger cuándo quiere trabajar en cuál actividad o materia y en muchos casos decidir cómo abordará su aprendizaje. Todo seleccionándolo según las alternativas pedagógicas que el profesor o guía preparó de antemano. De este modo, aprovechan los intereses de los niños, sus gustos y preferencias, para potenciar el aprendizaje en el momento en que éste mejor será recibido. Sin embargo, se trata de una visión integral de la sociedad y el ser humano que parte desde el nacimiento.
En la crisis del no, muchas veces se entra en una lucha de poder con el niño, que puede llegar a ciertos niveles de violencia, que sólo refuerzan la oposición del niño y le dejan el mensaje de que la vida siempre es un conflicto, en el cual si uno quiere imponerse, debe oponerse a otra gente y para esto usar la agresividad: creencias que usará más adelante en su vida adulta.
En cambio, si desde pequeño se le ofrece un modelo que incluya el respeto y en el cual todos puedan expresarse y tomar decisiones, se lo está educando para la paz. No debemos olvidar que los niños pequeños comprenden mucho más de lo que creemos y por esto, es necesario comenzar desde los primeros meses ya que a los tres años el modelo de ser humano que se está desarrollando dentro del niño está completo.
Al mismo tiempo, los niños que se sienten respetados, son colaboradores y comprensivos, se transforman en aliados de sus padres y cuando ellos no pueden darles lo que piden o cumplir con una promesa, entienden y ayudan a buscar soluciones alternativas. Lo mismo ocurre a nivel social, en el colegio, con los amigos y más tarde en la vida adulta, formándose como personas con una mayor tolerancia a las frustraciones.
Fuente: Elena Young, directora del Centro de Estudios Montessori y fundadora de los jardines infantiles Rayhue y del Colegio Huelquén Montessori
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